Autor: Esteban Murillo
Fecha: 1660
Museo: Museo del Prado
Características: 123 x 101 cm.
Estilo: Barroco Español
Material: Óleo sobre lienzo
Análisis Denotativo
El cuadro es de formato rectangular vertical y presenta como personajes principales a un niño y a una oveja. El niño es de raza blanca con las mejillas sonrosadas, sus ojos son de color negro, su cabellera esta algo crecida, ensortijada y de color castaño oscuro está mirando al espectador a pesar de que su cuerpo está en posición sedente y en tres cuartos, sentado en una prominencia del terreno polvoriento lleva un traje largo a manera de túnica blanca que le llega debajo de las rodillas; tiene un palo de madera delgada debajo de su brazo derecho cuya mano está sosteniéndolo apoyado en el muslo de la pierna derecha que esta flexionada y cuyo pie descalzo descansa en el terreno, su mano izquierda descansa en el lomo del animal tocándole el vellón, la pierna izquierda del niño esta estirada en la dirección de su cuerpo y se apoya en el terreno, La oveja que esta parada al costado izquierdo del niño, es de color blanco y también dirige su mirada hacia el espectador, ambos personajes se encuentran en primer plano del cuadro, en la parte de atrás y por el lado izquierdo del niño hay estructuras arquitectónicas de estilo clásico europeo pero están en ruinas y son de color blanco, pero solo se vé parte de estas ruinas pues entre el niño y las mismas hay arbustos muy tupidos que se colocan en el segundo plano de la escena. A la altura media pero detrás de la oveja y al lado derecho del cuadro se insinúa un rebaño, que es posible que la oveja que acompaña al niño debe pertenecer y están pastando en el verde prado, formando parte del horizonte que se perfila a lo lejos confundiéndose con el cielo que esta lleno de nubes blancas y grises, el centro de interés formado por la dupla niño y oveja está muy iluminado, por una luz natural que cae de izquierda a derecha en diagonal, formando un contraste con unas sombras muy oscuras, pero que no llegan a ser tenebrista sino mas bien un claroscuro un poco esfumado, El valorado cromático del cuadro es medio alto, predominando los colores terrosos, y secundarios agrisados con sienas tostadas, la perspectiva tiene un solo punto de fuga, y la profundidad se obtiene, por yuxtaposición, por color y por perspectiva espacial del esfumado, la composición es piramidal, y la ortogonalidad es rota por el cayado y la pierna del pastor. Tiene una textura suave que aterciopela el cuadro y acentúa el carácter bucólico de la escena pastoril.
Análisis Connotativo
“El Buen Pastor”, fue pintado por el gran pintor Sevillano, en un momento en el que toda Europa vivía una crisis política económica y religiosa, en la que la hegemonía de España estaba en juego, y que de hecho, fue en esa coyuntura que el gran Imperio Español perdió su hegemonía política, y todos los estados europeos, que estuvieron inmersos en esta conflagración bélica tan larga, (la guerra de los treinta años), se vieron en dificultades económicas, de modo que tuvieron que incrementar la presión fiscal en sus países. Las consecuencias de esta guerra (1618- 1648) fueron de horrorosas, la peste y la hambruna campeó en casi toda Europa, y nuestro célebre artista Esteban Murillo, lo vivió en carne propia, de allí que él, se afanara en despertar en los fieles la piedad y el acercamiento, hacia temas divinos y religiosos, poniendo como personajes principales a mujeres y niños, que representaban a la población más vulnerable, golpeada y marginada, y lo hace de una manera sutil, sin ningún atisbo ni intención de crítica social, aunque; el lienzo “El Buen Pastor” tiene una visión amable y tierna no deja de tener un mensaje, político. Este cuadro del buen pastor, en versión infantil, tuvo hasta tres versiones, pero la más antigua es la de l660, fecha que coincide con la finalización, consecuencias y estragos que causó esta guerra en Europa, (este cuadro se encuentra en el Museo Del Prado- Madrid España), Esta imagen devocional, del niño sentado en un bucólico paisaje pastoril, con vestigios de arquitectura clásica en ruinas detrás de él, describe que la guerra de los treinta años en Europa, fue una guerra, religiosa convertida en política, donde el niño representa a la iglesia que recupera a sus fieles, y del imperio solo quedan los escombros.
Bartolomé Esteban Murillo
(1617/12/31 - 1682/04/03)
Nació el 31 de diciembre de 1617 en Sevilla.
El 1 de enero de 1618, es bautizado en la Iglesia de la Magdalena de Sevilla, como el menor de los catorce hijos de Gaspar Esteban (barbero cirujano) y María Pérez.
Tras morir su padre el 27 de julio de 1627, fallece su madre el 8 de enero de 1628. Pasa a vivir con su hermana Ana y su marido, el cirujano Juan Agustín Lagares, que a partir de entonces se convierte también en su tutor.
A los catorce años, entra a formar parte de una de las cuatro grandes escuelas que había en Sevilla, la de Juan del Castillo.
Se traslada a Madrid (no se conoce la fecha exacta de este viaje).
De 1638 data el primer cuadro del que se poseen noticias. La visión de Fray Lauterio. Al año siguiente pinta La Virgen del Rosario, del Palacio Arzobispal de Sevilla.
El 7 de febrero de 1644 ingresa en la Cofradía de Nuestra Señora del Rosario y al poco tiempo solicita hacerse cargo de una serie de pinturas en el Claustro Chico del Monasterio de San francisco. El conjunto comprende once telas de tamaño natural, entre las que se destaca un San Francisco en Éxtasis, San Felipe, La muerte de Santa Clara y San Gil delante del Papa, además de los cinco episodios de la Vida de San Diego de Alcalá.
Sus figuras son graciosas y gran parte de sus modelos tienen un aire femenino. Su técnica es muy exquisita y le preocupan el dibujo y el color más que la composición.
Pintó obras de gran calidad como La Cocina de los Ángeles. Entre 1645 y 1646 trabajó en 11 escenas de vidas de santos que le dieron popularidad.
En el año 1660 fundó y presidió la Academia de Dibujo de Sevilla.
Destacó en la interpretación de niños marginados, como por ejemplo en el Niño pordiosero (1645, Museo del Louvre, París).
Desde 1671 hasta 1674 trabajó en las pinturas de la iglesia de la Caridad de Sevilla, hoy en varios museos de San Petersburgo, Madrid (el Museo del Prado conserva numerosas obras suyas) y Londres.
Se considera que ha sido el pintor que mejor definió el tema de la Inmaculada Concepción, del que ofrece numerosas versiones. Sus pinturas de santos, corresponden al realismo imperante en el arte religioso del siglo XVII.
Bartolomé Esteban Murillo murió el 3 de abril de 1682, a consecuencia de un golpe sufrido al caer de un andamio mientras pintaba Los Desposorios de Santa Catalina del retablo mayor de los Capuchinos de Cádiz.




